Manuel Vázquez Montalbán EntrevistaLA ESCRITURA Y EL ORDENADOR Entrevista con Manuel Vázquez Montalbán concedida a Domenico Fiormonte en Madrid, 16 de Junio de 1996.
Agradezco de manera especial a Manuel Vázquez Montalbán el
haberme concedido esta entrevista durante una caliente mañana madrileña, justo antes que él se acercara a la Feria del Libro
de Madrid a firmar copias de su última (en esa época) obra: Un polaco a la corte del Rey Juan Carlos.
No obstante el calor y los muchísimos compromisos,
V.M. tuvo la amabilidad (y el estoicismo) de soportar mis
preguntas y mis curiosidades no sólo sin un lamento,
sino también con la cortesía, la agudeza, y el rigor crítico de siempre.
D.F. : Antes de empezar con nuestro tema, escritura y ordenador,
quería preguntarle algo sobre la explosión de las comunicaciones
en la red: ¿está ya conectado usted? ¿Y qué piensa, por ejemplo,
del problema recientemente debatido en EE.UU. de la censura en
Internet?
V.M.: No, no estoy conectado, pero quiero hacerlo, casi por una
cuestión de coquetería, porque si no lo haces pareces un "viejo"... Me da la
impresión, desde fuera, que mucha gente lo toma como
una especie de juego. Pero me doy cuenta de sus posibilidades extraordinarias. Habrá que esperar a ver qué uso social se hará de
ello,
y como reaccionará el poder. Se habren posibilidades tremendas de
inter-comunicación, y con una inmediata capacidad de feedback.
Ahí ningun poder está tranquilo.
En cuanto a la censura, a lo largo de la historia de la
comunicación de este siglo, han salido antes las leyes
reprimiendo los sistemas de comunicación que los propios
sistemas de comunicación: es decir, antes que la comunicación
exista como sistema estable, ya hay leyes concediendo al
Estado casi el monopolio de la radiodifusión, de la televisión,
etc. Lo que está claro es que el poder, del Estado o de otro
tipo, no podrá seguir aceptando este espacio "libre" de experimentación, para mensajes libres en una ciudad libre --
sería casi como una utopía...
D.F. : Hace dos años salió en Italia su Pamphleto desde el planeta de los simios, donde usted llamaba nuestra atención sobre el peligro del "dictador telemático". ¿El fracaso de Silvio Berlusconi, no le parece una demostración de que después de todo la televisión es menos poderosa de lo que creemos? ¿Y que va pasar cuando la televisión esté totalmente integrada con el ordenador? Será más peligroso todavía?
V. M.: El procesador de textos me daba un auténtico miedo al principio,
por lo que tenía de adecuarme de una nueva manera a un nuevo proceso de
escritura. Me acuerdo que en una cena en una "trattoria" en Milán con
libreros y escritores (entre ellos Vincenzo Consolo), organizada por la
editorial Frassinelli después de la presentación de Galíndez tuve una de
las primeras conversaciones sobre este tema. Yo en aquella época todavía
no usaba el ordenador, me lo había regalado mi agenta literaria y lo tenía
en una caja sin usar. Bueno, una librera italiana me dijo: "¡Ah! No lo
abra nunca. Fíjese usted que García Márquez y Vargas Llosa desde que han
empezado a usarlo escriben peor". Claro, yo al escuchar estas palabras me
asusté muchísimo, además porque esto no venía de nadie cualquiera...
Me dije: esto del ordenador tiene que ser horroroso...
D.F. : ¿Y Consolo le dijo algo?
V. M.: Nada. No estaba claro si usaba el ordenador o no,
estaba callado, siciliano, escuchando sin decir nada...
D.F. : ¿Entonces cuándo empezó a usar el ordenador?
V. M.: Hace unos cuatro años. Autobiografía del General Franco
aún lo escribí con máquina de escribir, y lo publiqué en el 1992, y a
partir de ahí empezé a escribir todo con ordenador.
D.F. : A lo largo de estos cuatro años, ¿cuáles diferencias ha notado en
el proceso de escritura?
V.M.: La inmensa ventaja que tiene el ordenador es la corrección. Incluso
para un escritor que a veces pueda tener tendencias a latigillos, con el
ordenador puedes localizar hasta qué punto, y lo vas "exterminando".
Por otro lado, lo que me ocurre a mí -- y quizás sea diferente para los
escritores que llevan más años practicando o lo han incorporado antes --
es que tengo que comprobar constantemente impreso lo que tengo en la pantalla: un libro es una convención textual
(hay un "valor añadido"), un
folio no. Lo mismo me ocurre con la pantalla, que no percibo como una
convención textual, sino como un "borrador". Me encuentro con la
dificultad de leer sobre ella, me parece más un espectáculo que un texto
literario. Tiene mucho más sentido de borrador la pantalla que la hoja
impresa. Entonces tengo la necesidad de imprimir cada cuatro-cinco folios,
y si hago una novela larga cada cincuenta y sesenta folios. Sólo creo que
he escrito aquello cuando lo imprimo claro, y traslado las correcciones
manuales a la pantalla. Repito: es probable que las generaciones más
jóvenes no tendrán estos problemas.
D.F. : Le parece que desde que comenzó a usar el ordenador su producción
haya incrementado?
V.M.: No es que con el ordenador se escriba más.
Es que te cunde mejor el tiempo. Corregir es mucho más fácil y rápido.
Yo todavía escribo a mano los poemas, por ejemplo, soy incapaz de
escribirlos directamente a máquina o en ordenador. Pero en el terreno de
la prosa, que sí que he escrito siempre a máquina, pasando de la mecánica
y luego a la electrónica, etc. si te cunde más el tiempo por la corrección: antes tenías que cambiar el folio, tachar con el blanco para
poder escribir encima, esperar, etc. Entonces, "escribir más" no diría
que es la palabra, es que aprovechamos mejor el tiempo.
D.F. : Un escritor italiano, Vincenzo Cerami, hablándome de su experiencia
con el ordenador me contó que el ordenador le estimuló a escribir
cuentos breves por el hecho de poder ver los "resultados" más
rápidamente. ¿Cree que el ordenador puede influir sobre estas iniciales
elecciones estilísticas o de género? Y en su caso, ¿cree que su manera de
escribir ha cambiado?
V.M.: No, no lo creo. Pienso que hay impulsos previos más fuertes, más
determinantes que la herramienta. Pero supongo que a cada escritor
ese instrumento le pueda condicionar de manera diferente. Puede haber
algo "mágico" en la relación con el instrumento; la verdad es que
tenemos un imaginario creado con cada instrumento. Sabemos "como es"
un escritor con máquina de escribir, y quizás no tengamos claro todavía
como es un escritor hacia el ordenador (como antes no teníamos claro como
era un escritor con pluma de gancho, con estilográfica, etc.).
El escritor, suponiéndose a sí mismo como ante el instrumento, puede
imaginar cosas nuevas, es decir el ordenador puede permitir dentro de un
discurso literario la evolución de los géneros con mucha más facilidad.
D.F. : ¿Se ha acercado nunca usted a las obras electrónicas? por ejemplo a
las novelas hipertextuales?
V.M.: Las conozco un poco, pero me parecen más tecnologías literarias que
literatura. Claro: hasta que llegue un día que se haga algo importante.
Además como que estas obras se pueden leer sólo en pantalla, habrá que
estudiar otro tipo de sistema de lectura, porque como dije antes la
lectura del video-texto cansa mucho más.
D.F. : Navegando en Internet nos encontramos siempre con textos fragmentados,
en trozos; la "pulverización aforística" parece ser el estilo
dominante...
V.M.: Bueno, el aforismo existe hace siglos... pero entiendo a lo que usted
se refiere: la
brevedad inducida por el medio podría favorecer cierto tipo de creación
literaria. Incluso creo que la poesía, en Internet, pueda recuperar cierta
función social y cultural.
D.F. : ¿Ha notado si algún colega escritor ha cambiado estilo --
o escriba diferentemente -- después de haberse incorporado al ordenador?
V.M.: No estoy seguro, pero en general yo creo que si el escritor acaba
con el ordenador, y no tiene recurso de volver a leerse impreso, el estilo
alcanza una mayor ligereza. De ahí la exigencia que tengo de ver el texto
impreso, si no hasta cierto punto el ordenador te desvirtúa; es decir, es
algo muy aparecido al pensamiento. Imaginamos un escritor ciego que tenga
que dictar su novela. ¿Cómo se controla la materia verbal? Ante el
ordenador hay una relación parecida, es decir, de oralidad secundaria.
Es una masa verbal que está ahí y que no da nunca la sensación de control.
Con lo cual, tiendes a abreviar, a acabar cuanto antes esa exposición,
como flotando en un medio que no es el habitual.
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